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¿Cuál unidad nacional?

 

 

 

Román Munguía Huato

MILENIO Jalisco, jueves 9 de febrero de 2017

 

 

Ante la ofensiva del Estado imperialista de Donald Trump es imperativo enfrentarla enarbolando la bandera de la unidad nacional; entendiendo por Nación la mayoría de la población mexicana; el pueblo trabajador del campo y las ciudades: los de abajo, la población menesterosa. El magnate Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo, apostó por la unidad nacional, propuso el apoyo incondicional al gobierno de Peña Nieto para defender a México de los embates de Trump y apuntó al refuerzo de la economía interna como mejor vía para lograrlo. Slim afirmó que “Trump no es Terminator, es negociator”. Obviamente este canalla de Trump depredador no tiene ningún rasgo de negociator pero si todos los de un Terminator diciendo “Hasta la vista baby” a los millones de mexicanos quienes laboran en los sembradíos y factorías estadounidenses.

 

¿Es necesaria la unidad nacional en torno a Peña Nieto, representante de la oligarquía local y extranjera? ¿Acaso no es esta oligarquía capitalista la que ha llevado al desastre económico, social y político al país en las últimas décadas por la imposición autoritaria de políticas neoliberales como las reformas estructurales educativa y energética? ¿Acaso no es esta oligarquía la que impulsó mediante Carlos Salinas de Gortari el Tratado de “Libre Comercio” [TLC] con Estados Unidos y Canadá? ¿Acaso no han sido los últimos gobiernos federales, especialmente los neoliberales, tanto priistas como panistas, con todo y sus Pactos por México, los que han hundido al país en una profunda crisis económica con decenas de millones de desempleados y subempleados, generando mayor pobreza social en el campo y en las ciudades, generando hiperviolencia con muertes y desaparecidos forzados por todos lados? ¿No han sido estos gobiernos los que han propiciado una terrible y criminal corrupción gubernamental con base a la impunidad del poder y el dinero?

 

Ahora resulta necesario, dicen, el fortalecimiento del mercado interno, un “fortalecimiento” que deriva no de una decisión de política soberana sino de una agresión proteccionista del poder imperialista de la Casa Blanca ¿Dejaremos de ser un país maquilador: México for export? En los tiempos de la “globalización”, que no es otra cosa que la mundialización del capital, con sus tratados comerciales expoliadores de los países subdesarrollados, solamente ha sido beneficiado un puñado de potentados como Carlos Slim. La globalización capitalista acabó con el llamado nacionalismo revolucionario de estirpe priista y fue el propio Salinas de Gortari quien sepultó dicho “nacionalismo” con en el TLC. La globalización es un hecho irreversible, está en la esencia del capitalismo, lo que al mismo tiempo quiere decir, es un proceso contradictorio y sometido a las leyes de este sistema que se basa primero que todo en la competencia económica y que en momentos críticos puede llegar a ser dura y violenta y conducir, como se ha demostrado con creces en el siglo XX, y se está ratificando en el nuevo siglo, a guerras devastadoras.

 

Gran parte del campo mexicano es un verdadero desastre económico y social, ahogado en la miseria y en la violencia, y muchos de los millones de mexicanos jornaleros en el campo estadounidense están allá por la expulsión en sus propias tierras por el funesto TLC. Demagogias y cinismo mayúsculo aparte, ahora el gobierno Peña Nieto pretende protegerlos allá o acá. Estos gobiernos neoliberales corruptísimos han cedido casi todo al capital local y extranjero con la privatización de lo público; en el campo han otorgado todas las facilidades a las empresas mineras, especialmente las canadienses, para explotar los yacimientos y dejar toda su basura tóxica por todos lados. Las mineras también han propiciado una violencia social, especialmente contra aquellas comunidades opositoras al saqueo de sus recursos naturales y a la devastación ambiental.

 

¿De cuál unidad nacional hablamos? ¿La de la unidad entre ricos y pobres? ¿Unidad entre explotados y explotadores? ¿La del pueblo oprimido por un capitalismo salvaje representado fielmente por los gobiernos neoliberales desde hace décadas y apoyar incondicionalmente al actual? Trump pretende humillar al pueblo mexicano expulsando a millones de mexicanos y levantando el muro de la ignominia. Qué Peña Nieto se deje humillar tan bajo por el mandatario gringo no es nada sorprendente de quien carece de toda dignidad moral y política; pero el pueblo mexicano en estas horas aciagas tendrá que mostrar su dignidad como pueblo trabajador y como Nación. La “unidad” patriotera, maquillada de falso nacionalismo, puede permitirle al gobierno de Peña el alivio que tanto necesita en estos días turbulentos y amortiguar el enardecimiento popular por el gasolinazo. Los trabajadores y oprimidos de México no deben ser quienes paguen esta crisis de sus explotadores nacionales y extranjeros.

 

Una cosa es defender a México ante el imperialismo de Trump, y otra muy distinta es la subordinación a Peña Nieto con la unidad nacional a quien no ha sabido ni ha querido defender ninguna soberanía. Históricamente está demostrado, por lo menos desde mediados de los años cincuenta del siglo pasado: las burguesías latinoamericanas carecen de todo rasgo nacionalista para pasar a ser a socios menores de los capitales foráneos, especialmente de las inversiones estadounidenses. La imposición de las brutales y feroces dictaduras militaristas, con rasgos fascistas, se impusieron en la región latinoamericana a sangre y fuego con el consentimiento y complicidad de las oligarquías locales desde la Patagonia hasta Guatemala; tales dictaduras protegían los capitales metropolitanos imperialistas europeos y estadounidenses.  En México podemos hablar de dictadura blanda o de una dictadura perfecta, pero nunca de la existencia de un régimen democrático formal y real que la burguesía no está dispuesta a construir de ninguna manera. La oligarquía ha dejado de ser “nacionalista”, los tiempos del cardenismo [el original del presidente Lázaro Cárdenas] han desaparecido para no volver. La emancipación del trabajador –y la del neocolonialismo, requiere de la hermandad necesaria con el pueblo trabajador estadounidense– será por el trabajador mismo, sin caudillos ni mesías que también piden unidad vergonzante con Peña Nieto.

Liga Comunista 23 de Septiembre

Editorial Brigada Roja