Periódico Madera

Madera, periódico clandestino

 

 

 

 

 

 

 

 

¡A defender a México contra el Trump imperialista, SÍ! ¡Unidad nacional con Peña Nieto, NO!

 

 

Román Munguía Huato

Jalisco, jueves 2 de enero de 2017

 

 

La historia de las murallas y de los muros es antiquísima, como la de la sociedad dividida en clases sociales. Algunas de las primeras ciudades de hace miles de años no solamente estaban fortificadas, también al interior existían muros para dividir a las estamentos sociales. La nobleza nunca se rozaba con la chusma y se resguardaba de las clases dominadas. Jericó fue una de las primeras formas urbanas en la historia; el mito cuenta que sus murallas fueron derrumbadas por el sonido estentóreo de las trompetas. De ser así, los mexicanos tendríamos que hacer sonar nuestras trompetas mágicas y realizar el milagro de derrumbar el ominoso muro de Trump cuando se construya.

 

El imperio romano construía murallas o muros en los territorios conquistados para protegerse [el muro de Adriano, en Britania]. Algunas ciudades medievales estaban fortificadas con murallas muy elevadas. El historiador francés Jean Chesneaux [1922–2007], especialista en el Asia Oriental, particularmente de Vietnam y de China, en su libro ¿Hacemos tabla rasa del pasado? [1976], cuando se refiere a la arquitectura feudal, escribe: “Lo «construido» es uno de los atributos del poder, un poderoso instrumento de segregación social y de orden político. Esta relación de lo construido y el poder, tan manifiesta en la sociedad medieval, está lejos de haber perdido toda actualidad, aunque funcione hoy de una manera diferente…” Como buen sinólogo, Chesneaux afirma que las antiguas fortificaciones, como la extraordinaria Muralla China, su función profunda no era proteger, a millares de kilómetros de las fronteras, la ciudad contra las invasiones. “Las murallas de las ciudades tienen una función de clase: proteger el poder imperial y su burocracia… contra los accesos de cólera campesina”, derivada de los frecuentes aumentos tributarios, vinculados históricamente a la lucha de los campesinos contra el despotismo tributario. La Ciudad Púrpura Prohibida imperial estaba totalmente amurallada. La conquista del Oeste de los Estados Unidos [Far West] requirió de la edificación de fuertes militares para protección de los ataques de las tribus indias. Durante esta conquista a México le fue arrebatada la mitad de su territorio. En realidad, eran los “blancos” invasores quienes atacaban a los indios, quienes finalmente fueron exterminados casi en su totalidad. Trump quiere proteger la frontera con México emulando a John Wayne como matón pistolero de la “supremacía blanca”.

 

La historia moderna de los muros es, rememorando a Jorge Luis Borges, parte de la Historia Universal de la Infamia. Tendría un capítulo grueso. La barbarie social crece con la tendencia a construir barreras físicas entre los países ante el miedo a la inmigración y el terrorismo, pero sin solucionar los problemas de fondo. En el reportaje Muros. Divisiones del siglo XXI [El Universal 2017/01/27], Jerónimo Andreu cita a Ron Hassner y Jason Wittenberg, quienes documentan que, “de los 51 muros construidos tras la Segunda Guerra Mundial, la mitad se erigieron entre 2000 y 2014. En Medio Oriente han florecido con especial frondosidad. Las guerras en Irak, Afganistán y Siria, junto a los desplazamientos de población asociados, han creado un efecto cascada. Los ejemplos más espectaculares están en Arabia Saudita, que ha levantado mil 200 kilómetros de barreras con Yemen y 500 con Irak… Hassner y Wittenberg revelan dos tendencias. La primera, que los muros los construyen los países ricos para separarse de los ciudadanos de países más pobres. La segunda es que esos ciudadanos contra los que se levantan barreras suelen ser musulmanes. Una prueba la ofrece la crisis de los refugiados europeos, en 2015, cuando Hungría escandalizó a sus socios al tapiar su frontera con Serbia para frenar la llegada de sirios”. Muros o vallas ominosas son y han sido construidos en Cuba por el imperialismo yanqui en Guantánamo; el Muro de Berlín, del régimen estalinista de la Alemania Democrática; en Marruecos contra los saharauis, etcétera. Pero seguramente el muro más abominable hoy día es del gobierno fascista israelí contra el pueblo palestino.  En el 2013, la Feria Internacional del Libro [FIL] en Guadalajara fue dedicada a Israel. Cientos de personas, estudiantes, académicos e intelectuales, repudiamos enérgicamente tal hecho, pues el gobierno de este país es fascista–sionista–terrorista por el genocidio y la colonización de tierras palestinas. El dueño de la FIL, Raúl Padilla López, y su séquito cortesano, se puso como alfombra roja para el representante israelí. Tres años después el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu respalda a Trump por la construcción de un muro fronterizo entre México y Estados Unidos. En respuesta a tal humillación israelí, la Cancillería a cargo de Luis Videgaray sostuvo, esto si lo ha aprendido muy bien, servilmente que México es un amigo de Israel, y debe ser tratado como tal por su Primer Ministro. Netanyahu ahora quiere maquillar tal agresión al pueblo mexicano, pero la ofensa mayúscula está hecha. Ni siquiera la comunidad judía mexicana entera acepta esta ofensa propia de politiquillos fascistoides.

 

En días pasados, el Consejo de Rectores de la Benemérita Universidad de Guadalajara, junto con los sindicatos blancos [SUTUdeG y STAUdeG] y la Federación de Estudiantes Universitarios [FEU], en un desplegado público, exhortan a la unidad nacional en torno a Enrique Peña Nieto, a quien caracterizan como custodio de la dignidad de México. Tal posición de lamebotas es inadmisible para la comunidad universitaria democrática, pues si alguien no representa nada la dignidad del pueblo mexicano, especialmente del pueblo trabajador del campo y las ciudades, es precisamente Peña Nieto y su gobierno ¿cómo puede haber unidad con un gobierno archicorrupto e inepto que está contra el pueblo mexicano? La soberanía mexicana se ha perdido desde los tiempos neoliberales, especialmente a partir del Tratado de Libre Comercio impulsado por Carlos Salinas de Gortari. La política conciliadora y servil, vergonzante, del gobierno de Peña Nieto se inició desde la desafortunada invitación que le hizo a Trump cuando éste era el candidato republicano en noviembre pasado

 

¡A defender a México contra el Trump imperialista, SÍ! ¡Unidad nacional con Peña Nieto, NO!

Liga Comunista 23 de Septiembre

Editorial Brigada Roja