Periódico Madera

Madera, periódico clandestino

 

 

Desde hace varias semanas, Venezuela parece hundida en un caos en el que las manifestaciones de la oposición y contramanifestaciones del gobierno Maduro, seguidas de enfrentamientos violentos, están en el origen de la muerte de más de veinte personas.

 

 

 

 

 

Franck Gaudichaud y Pedro Huarcaya

 

Deriva autoritaria

La MUD (Mesa de Unidad Democrática), coalición heterogénea, exige la celebración de elecciones generales inmediatas para poner fin al gobierno de Nicolás Maduro. La situación se envenenó cuando, el pasado 30 de marzo, el Tribunal Supremo de justicia (partidario del ejecutivo) decidió desposeer a la Asamblea Nacional (en manos de la oposición) de sus prerrogativas, basándose en la presencia en su seno de tres parlamentarios elegidos de forma fraudulenta. Frente al escándalo levantado por una medida así, las autoridades venezolanas han dado finalmente marcha atrás, a la vez que condenaban al candidato de la oposición en las dos últimas elecciones presidenciales, Henrique Capriles, a quince años de inelegibilidad.

 

Esta deriva autoritaria del gobierno no afecta solo a las élites políticas opositoras. Las elecciones regionales y sindicales han sido también atrasadas sine die... Algunas “Organizaciones de liberación del pueblo” (OLP), encargadas de restablecer la seguridad en los barrios populares, están acusadas de varias decenas de asesinatos por los organismos de defensa de los derechos humanos. Y formaciones políticas hasta ahora cercanas al “chavismo crítico” e independientes del PSUV (el partido de Maduro) como Marea Socialista o el Partido Comunista Venezolano, deben ahora plegarse a condiciones draconianas para intentar conservar una existencia legal.

 

La MUD, por su parte, está claramente dominada por los neoliberales y centrada en un proyecto político de revancha social, proimperialista y de restauración de un gobierno estable al servicio de las clases posesoras y del capital internacional. Recordemos que cuando se produjo el golpe de Estado abortado de abril de 2002, esos mismos opositores habían destituido inmediatamente a todas las autoridades legales y ejercido un represión inmediata sobre la población y los partidarios de Chávez...

 

Regresión social

 

Tanto si Nicolás Maduro se mantiene en el poder como si se pone en pie un gobierno de “unión nacional”, la situación de las clases populares venezolanas seguirá siendo muy preocupante.

La economía del país, prisionera del extractivismo y de la renta petrolera, sufre de lleno la caída brutal del precio del petróleo desde el verano de 2014. En una huida hacia adelante desesperada, el gobierno acelera su megaproyecto de explotación minera en torno a la franja del Orinoco, bajo control de los militares y en alianza con multinacionales, que, a medio plazo debería afectar al 12% del territorio nacional, en detrimento del medio ambiente, de la biodiversidad excepcional de dicha zona y de las numerosas comunidades indígenas que viven en ella.

 

Por otra parte, la explosión del mercado negro, el hundimiento de la moneda nacional, la “guerra económica” llevada a cabo por una parte de las grandes empresas privadas y la inmensa corrupción de numerosos altos funcionarios y de una “burguesía bolivariana” cada vez más arrogante, hacen que los y las venezolanas estén confrontados a inmensas penurias de alimentos, de servicios y de medicamentos: el hambre está empezando a reaparecer en varios barrios de Caracas.

 

Otro fenómeno concurre en el debilitamiento de Maduro: la llegada al poder de las derechas conservadoras en varios países latinoamericanos y con ello una pérdida de apoyo regional.

 

Esta situación general de regresión política y social no augura nada positivo para las clases populares venezolanas. Si denunciamos evidentemente toda tentativa de desestabilización exterior, nuestra solidaridad va ante todo al movimiento social, indígena y obrero del país, a las y los de abajo y a las fuerzas de la izquierda crítica que, denunciando los proyectos de restauración neoliberal de la oposición y el nepotismo “boli-burgués”, intentan, en condiciones muy difíciles, abrirse una vía independiente del gobierno, claramente anticapitalista y autogestionaria.

Liga Comunista 23 de Septiembre

Editorial Brigada Roja