Periódico Madera

Madera, periódico clandestino

 

Foto amapola

 

 

 “Al amparo de la amapola crecieron pueblos, se dilataron fortunas. Podía sentirse en las miradas desafiantes de los jóvenes el poder de aquella ilegalidad soberana, venida de la historia”

Héctor Aguilar Camín.

“Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas”

J. Martí

Por: Gabriela González

Mucho se ha hablado y poco se ha actuado, el “efecto narcotráfico” por todos los cuerpos políticos y sociales buscado. Contreras- Velazco define al narcotráfico como el tráfico de drogas ilegales que son transportadas clandestinamente de un lugar a otro. Y de acuerdo a lo argumentado por el mismo contreras, en un país en el que alrededor del 40 por ciento de la población vive en pobreza extrema es sumamente cínico pensar que el ejército por sí solo pueda acabar con el narcotráfico. Ya que mientras existan cientos de comunidades que sólo pueden vivir de la siembra de amapola y mariguana; habrá una relación sumamente alta entre la tasa de desempleo y que la gente se dedique a actividades ilícitas. Diversos países han implementado planes en contra del narcotráfico entre los que destacan El Plan Mérida y El Plan Colombia; entre las líneas propuestas por los autores de dichos planes se encuentran asuntos que tienen que ver con la seguridad, sociedad y tráfico de armas; siendo mínima la implementación y redacción en estos acuerdos respecto a los efectos ambientales ocasionados por el narcotráfico, puesto que estos son en verdad alarmantes y debieran tener un punto clave dentro de estas discusiones. A continuación se mencionaran sólo algunos de efectos causados por la práctica ilegal antes mencionada.

 

cultivo de coca

 

 

Rodríguez- Becerra destaca  que el cultivo de la coca y la amapola constituyen una de las mayores amenazas para el medio ambiente en Colombia y, en general, de los países andinos. La apertura de tierras para el cultivo de coca y la amapola es una causa importante de la deforestación. De igual manera la Comisión Nacional de Estupefacientes ha señalado desde tiempo atrás que para sembrar exitosamente una hectárea de coca o amapola es necesario talar tres. Otro problema surge ya que las guerrillas, los paramilitares, los cultivadores y recolectores de coca y amapola, así como el ejército colombiano han encontrado en la carne de monte una de sus fuentes de alimentación, con lo que no solamente se produce un declive de fauna, sino que se resta capacidad al bosque para que diversas especies de flora se reproduzcan y en determinado momento desaparezcan. Hurtado- García señalan que en México se produce marihuana, amapola y cocaína, lo que implica también actividades de transformación, traslado y comercialización; siendo el territorio estratégico para el tráfico de droga proveniente de América del Sur hacia Estados Unidos. De igual manera la región centroamericana ha llegado a ser una de las rutas más utilizadas para el tráfico y el almacenamiento de drogas procedentes principalmente de Colombia, Bolivia y Perú. Estas drogas son transportadas por tierra, por los litorales marítimos y por vuelos de corta distancia.

 

Infografia

www.elpais.com.com  

 

 El Océano Pacífico ha sido y es actualmente el escenario del tráfico de drogas desde Colombia hacia México sin que las autoridades de los dos países hayan llevado a cabo medidas efectivas que lo impidan definitivamente. A tal grado de perfección ha llegado ese proceso, que en Colombia, en los últimos años, se han incautado unos veinte semi sumergibles listos para el transporte de cocaína hacia México

Nicole Bernex señala que los cultivos ilícitos de coca significan no solamente un altísimo índice de deforestación, pérdida de suelos, disminución de recursos hídricos, pérdida de biodiversidad y quiebra de las funciones vitales de los ecosistemas, sino también contaminación de las aguas (superficiales y subterráneas). En muchos casos los productores utilizan sustancias que son prohibidas como es el caso del insecticida Parathion y sustancias cloradas de las cuales no solamente se utilizan dosis masivas de agroquímicos para manejar la producción y maximizar los rendimientos sino también para la producción de drogas cocaínicas que implica un proceso desde donde a partir de la hoja de coca se procesa la pasta básica de cocaína.

Millones de litros de ácido sulfúrico, óxido de calcio, permanganato de potasio, combustible y otros productos altamente tóxicos se emplean en este proceso, que suele hacerse en pozas de maceración ocultas en la selva. Irremediablemente, estos insumos terminan arrojados en el ambiente y acaban en los ríos. Algunos estudios han revelado concentraciones elevadas de metales tóxicos como plomo, cadmio y cobre en las aguas de los ríos ubicados en zonas típicamente usadas para esta práctica. De estos compuestos el principal impacto ambiental del ácido sulfúrico es sobre el pH del agua. El rango de pH acuoso que no es del todo letal para los peces es de 5-9. Y con este ácido crea un pH de 5.0 con lo cual se produce una rápida disminución de las especies de peces y de la biota que los sustenta. La cual si entra en contacto con seres vivos, deshidrata sus tejidos; el Kerosene es Insoluble en agua y genera procesos de contaminación severa de las aguas superficiales, intoxicación y posible muerte de especies acuáticas; crea plumas de contaminación en los acuíferos e impactos severos en los suelos.

Estos efectos ya se ven reflejados en nuestro país en especial en el Golfo de México en el que las 20 cuencas hidrológicas más importantes se encuentran gravemente contaminadas y con esto no solamente se busca inculpar al crimen organizado pero sí demostrar su contribución en las aguas mexicanas. Se ha calculado que alrededor de 95% de los metales transportados por los ríos son removidos y depositados en las márgenes oceánicas tales como los estuarios, la plataforma y la pendiente continental. Y se ha demostrado la presencia de elevadas concentraciones de metales tóxicos como el Pb, Cd, Cr, y Ni, mostrando que los problemas más severos de la contaminación por metales ocurren en cuerpos de agua semicerrados particularmente en bahías, estuarios y lagunas costeras. La mayoría de los metales son insolubles en agua con un pH neutro o básico, pero fácilmente absorbidos al material particulado, como la materia orgánica o los sedimentos, siendo éstos el destino final de los metales en los ambientes acuáticos, estos metales pueden ser asimilados por los organismos; por lo tanto, en los océanos y las costas los organismos bentónicos son los más afectados por la concentración de los metales debido a su interacción directa con los sedimentos.  El comportamiento de los metales en los organismos, depende de varios factores, como: su absorción, excreción, almacenamiento y eficiencia de su sistema de regulación o desintoxicación.  

También existe preocupación respecto a la quema de tierras deforestadas. Los cocaleros queman las tierras para evitar la labranza del suelo y todo el CO2 originado agrava el cambio climático.  Se piensa que todo el CO2 tendría un valor de 2500 millones de dólares ya que podría venderse a los países europeos como bonos de carbono, además el suelo orgánico tiene una fertilidad natural por el humus (sustancia que proviene de desechos orgánicos) pero cuando se quema no vale nada.

Finalmente se sugiere una mejor comprensión, asimilación, planificación, de los alcances perjudiciales del fenómeno del narcotráfico a la sociedad, comunidad científica, agricultores y las autoridades competentes; para realmente establecer protocolos que sirvan como respaldo a estas víctimas silenciosas que son el ambiente y los ecosistemas. Teniendo en cuenta que la educación y los avances económicos así como tecnológicos, aunados a la erradicación de la corrupción en el país tendrán resultados que podrán ser palpables a la hora de hablar sobre narcotráfico y sus efectos en el ambiente.

 

Gabriela González

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Referencias

Bernex N. 2009. El impacto del narcotráfico en el medio ambiente. Los cultivos ilícitos de coca. Un crimen contra los ecosistemas y la sociedad. Mapa del narcotráfico de Perú. 83-98pp.

UNODC. 2010. Problemática ambiental y la utilización de agroquímicos en la producción de coca. 1-4pp.

Hurtado O y García R. 2013. El narcotráfico en México como problema transnacional. Revista mexicana de política exterior. 35-64pp.

Rodríguez M. 2003. Los cultivos ilícitos y el medio ambiente. Cátedra Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado”, Análisis histórico del narcotráfico en Colombia. Museo Nacional de Colombia. 1-6pp.

Caso M. Pisanty I. Ezcurra E. Diagnóstico ambiental de Golfo de México. Instituto Nacional de ecología. Vol. 2. 1083pp.

Espinoza C. 2006. Una amenaza silenciosa: el narcotráfico en Ecuador. Universidad de San Francisco de Quito. 136-142pp.

Pinzón L. Sotelo H. 2011. Efectos de los cultivos ilícitos sobre el medio natural en Colombia. Revista Gestión Integral En Ingeniería Neogranadina. Universidad Militar Nueva Granada.

Contreras O. 2011. La evolución del Narcotráfico en México. 1-56pp.

Jardel E. 2006. Viejos y nuevos problemas del sector forestal en México. 1-12pp.

Pahuacho A. 2014. Impactos del narcotráfico en el medio ambiente. http://www.numero-zero.net/2009/11/29/impactos-del-narcotrafico-en-el-medio-ambiente/. Disponible 30/08/14.

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