Estamos a tan solo diecisiete días de las elecciones que bien pueden ser catalogadas como las que mayor penetración han tenido en las fibras sociales, puesto que esta vez no sólo las redes han ayudado a involucrar a los sectores más jóvenes por medio de dichas redes a través de memes, o a los de cualquier otro sector con ganas de informarse a través de las páginas de contenido político (ya sea con información falsa o cierta sobre el tema), dentro o fuera de las plataformas, sino que además, llegan en un tiempo en el que tanto el PRI, como el PAN han decepcionado por mucho a quienes alguna vez confiaron en ellos y quienes, además, les mantuvieron década tras década como los partidos políticos favoritos, ya fuera por costumbre, por ignorancia derivada en una legítima confianza en el partido, o por el mero color del distintivo del partido.

No fueron fáciles los últimos sexenios. Es más ¿cuál lo fue? Pero quien realmente  ha padecido constantemente las consecuencias de no elegir y exigir a un digno representante en los procesos electorales es la misma gente que estuvo desinteresada de la política anteriormente.

Hoy por hoy, el proceso electoral por venir no pasó desapercibido e históricamente los  tres debates presidenciales recientes fueron del conocimiento general, pues, aparte de ver el debate, la información que circula en redes a posteriori en medios alternativos de información, acercan un análisis un tanto más profundo, fuera del marco (con cheque al portador) de quienes reproducen tendencias de pensamiento a través de noticias compuestas por medias verdades en los medios masivos de comunicación.

La opción natural, podría decirse, es que si las opciones “a” y “b” no dieron los resultados esperados, y por el contrario, provocaron aún más caos del que les precedía, la población voltearía a buscar otra alternativa en la propuesta “c”; no porque la opción por sí misma haya atraído la atención, ni solamente porque la gran masa haya comenzado a creer, después de tres candidaturas, en las propuestas de aquella tercera opción, sino que un porcentaje de los futuros votantes también estarán dando un voto de castigo a la continuidad de la corrupción, de la violencia, del enriquecimiento ilícito y los negocios por debajo del agua con recursos públicos y/o naturales.

Así pasó con Trump. Muchos de quienes eligieron el nombre de Trump no votaban por él por lo que proponía o por lo que representaba, sino como voto de castigo para el establishment, representado en esas elecciones por Hillary Clinton.

Entonces, para explicar el proceso cíclico por el que México está atravesando, traeremos a la memoria el tiempo en que nadie sabía cómo Fox se haría multimillonario junto con la familia de la “Martita” después de tocar la silla presidencial. El fanatismo, fuera de los medios masivos de comunicación era muy similar al que ahora es evidente a través de las redes sociales a favor del candidato de Morena. En las calles era mal visto quien hablaba mal del candidato Fox, a él se le perdonaba que dijera sus “ocurrencias” en televisión abierta y se decía que él era el verdadero cambio, aquél que quitaría de la silla presidencial al PRI, y por ende, sería quien traería una nueva era en la historia de México. Los resultados de su paso por la presidencia han sido ampliamente documentados en libros de investigación periodística, como los libros “Fox: Negocios a la sombra del poder” de Raúl Olmos en colaboración con Valeria Durán; “La Jefa” de Olga Wornat o “La política como espectáculo. El sexenio de Vicente Fox” de Rafael Segovia, entre otros.

En términos de sociología, el gatopardismo permite la transición de un poder a otro que aparenta oposición, pero que no toca los intereses de sus oponentes en el poder, para garantizar una transición apoyada por aquellos que pasarán a ser “destronados”, de manera que dicha transición es suave y de mutuo acuerdo con quienes salen del poder y quienes lo toman. El término tiene su origen del libro el Gatopardo de Giuseppe Tomasi, el cual describe precisamente la derrota de la aristocracia al momento de consolidar la Italia como hoy la conocemos, en donde los aristócratas pudieron conservar su estilo de vida sin verse afectados en sus intereses, conviviendo bellamente los dos ejes opositores, con un respeto mutuo, enfatizado por la partida democrática quien reitera una y otra vez la admiración a la aristocracia.(ref 1) 

El hecho de que quien haya girado la balanza de la preferencia de todo un país se haya enriquecido ilícitamente y de ser una persona sin recursos, que vivía en un rancho que no podía mantener se haya convertido en una persona multimillonaria que mantiene un Centro con su apellido que sigue recibiendo dinero público para su manutención, no significa que la siguiente alternancia vaya a derivar en exactamente lo mismo. Lo que sí nos deja muy claro es que a veces, por más confianza que puedas tener en alguien, una persona con criterio propio, que sea analítico y crítico, no debería de posar su propia congruencia sobre la congruencia de cualquier candidato, por más demagogo que sea, es decir, por más que utilice (él o su gente) palabras que el pueblo mexicano está ansioso por escuchar. Entonces, en este clima de tensión política, el llamado a la razón va directamente a aquellos que creen que todo cambiará radicalmente con un voto, cuando otorgar el poder mediante la fe ciega a un candidato o partido, puede tomarnos desprevenidos a la hora en que los ciclos se evidencían social y políticamente. 

 

Video que ahonda en el tema: https://www.youtube.com/watch?v=sfzE0i5SD_M )